jueves, 29 de agosto de 2019

HEREJÍAS DESTRUCTORAS...Paco Clares


HEREJÍAS DESTRUCTORAS
Hace ya algunos años y tras estudio y meditación en la palabra de Dios, llegué a la conclusión, de que todo cuanto voy conociendo y conozco en parte, responde, a lo que ya ha sido realizado y también a lo que revelan las Escrituras del Plan de Dios, conforme al Propósito Eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor (Efesios 3:11).
Este Plan, dijéramos, que está escrito en la mente de Dios y guardado en su corazón, en su seno. Por consiguiente, todo está en la presciencia de Dios y nadie debiera imaginarse la preexistencia de Jesús y también la nuestra. “La nuestra”, algo que los predicadores y maestros de hoy en día olvidan permanentemente (Efesios 1:4; Romanos 8:29). Porque si Jesús es el primogénito entre muchos hermanos y en vez de estar en la presciencia de Dios, estuvo en la preexistencia como un Ser Divino y Eterno, cabe preguntarse, si nosotros también, que somos sus hermanos, estuvimos en una condición igual o semejante. Porque si Jesús preexistió como Dios el Hijo, el Hijo Eterno, tal y como muchos predican:
¿Éramos también nosotros, espíritus, dioses o algo parecido?
La preexistencia de Cristo y también la nuestra, es un dogma que se deriva del gnosticismo. El gnosticismo, que surgió desde la filosofía griega de Platón y también de religiones orientales, y que sostuvo la creencia de seres preexistentes o “aeones”, que podían descender del nivel o lugar espiritual de donde provenían para “encarnarse” o en su caso “reencarnarse”en cuerpos humanos temporalmente. Tales cuerpos, eran luego abandonados por estos “aeones”, porque se afirmaba, que “toda materia es inherentemente mala” (dualismo gnóstico). En cierto modo, el cristianismo antiguo fue influenciado por el gnosticismo, para tornarse en un cristianismo gnóstico, asegurando la preexistencia de un Cristo prehumano, lo cual tira por tierra la verdadera filiación humana y excepcional del Hijo de Dios, que fue engendrado por Dios en Espíritu y nacido de mujer. Para el gnosticismo docético (Cristo aparentó ser humano pero realmente no lo fue), el “Cristo divino”, descendió sobre el “Jesús humano”, para dejarlo un cierto tiempo después.
¡Hoy en día, también hay muchos, que solamente quieren ver a un Cristo divino!
El apóstol Juan, combatió enérgicamente esta herejía del gnosticismo, la cual influenció y al igual que ocurre hoy en día, a muchos miembros sinceros de la Iglesia de Dios. Juan se opuso enérgicamente al dogma gnóstico de la preexistencia de Cristo y de su encarnación humana. Juan conocía a toda la familia de Jesús, y sin en verdad su madre Salomé era hermana de María, significa, que hasta podría haber sido primo hermano de Jesús. Luego no cabe pensar ni interpretar en ningún momento, que las palabras de Juan pretendieran anular la condición humana de Jesús, sino justamente todo lo contrario: “En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo (Jesús Cristo) ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo (Jesús Cristo) ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1ª Juan 4:2-3).
Me pregunto:
¿Cómo ven y cómo se imaginan, al único Dios Invisible y Eterno, aquellos, quiénes creen en personas divinas, coeternas y distintas, y en su caso en pluralidad de Dioses?
Y también: ¿Cómo ven y cómo se imaginan, al que creen como preexistente Hijo Eterno, Dios el Hijo, antes de la fundación del mundo?
¿Los ven desde una visión antropomórfica? ¿Cómo los ven? ¿Cómo se los imaginan?
¡Quisiera saberlo!
¡Porque hablan mucho de Dios, pero parece ser, que conocen poco de su naturaleza!
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Muchísimos intelectuales y científicos agnósticos, y desde el conocimiento actual del que disponen, describen a Dios, como la energía inteligente del Universo. La ciencia evoluciona continuamente y desde hace bastante tiempo, ya se está hablando del suprauniverso (el espacio que rodea al Universo), donde parece ser, abunda la antimateria y una fuerza inteligente capaz de poner orden en el caos, que continuamente se está produciendo en el Universo.
Esto que actualmente están descubriendo los científicos, entiendo, que los creyentes, lo sabemos desde siempre y a través de la Palabra. Ellos, lo llaman energía inteligente o fuerza inteligente, y nosotros, lo conocemos por Espíritu Palabra (Omnipotencia, Omnipresencia y Omnisciencia).
¡Sin ánimo de ofender a nadie, hablar aquí de lo que hablan y enseñan, quiénes creen en personas divinas, coeternas y distintas, y en su caso en pluralidad de Dioses, me parece
un absurdo, y un insulto a la mínima inteligencia, y al mínimo sentido común!
Describir la naturaleza de Dios, por la expresión Espíritu Palabra, pudiera quedar como una expresión un poco abstracta; y es por ello, que del modo mas sencillo y comprensible, expondré, que es lo que discierno como Espíritu Palabra.
En principio, decir, que aunque la expresión está compuesta de dos palabras, mi percepción es como si fuera una sola. Percibo al Espíritu Palabra, en una unión total.
¡No contemplo Espíritu sin Palabra, ni Palabra sin Espíritu!
Les diré, que el Espíritu Santo que mora en mí, es vida, poder en el hombre interior, carácter de Dios en mi vida (Amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza), etc., y la Palabra, es espíritu, vida, racionalidad, creatividad, conocimiento de la voluntad de Dios, en toda sabiduría e inteligencia espiritual, etc.
¡Lo he expuesto del modo más breve y conciso!
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En el Antiguo Testamento, la palabra Padre y en relación con Dios, está poco presente; y la de un Hijo de Él, es inexistente. Por ello, hemos de ir al Nuevo Testamento, que es donde encontraremos frecuentemente, la palabra Padre en relación con Dios y las frases “el Hijo del Hombre” y “el Hijo de Dios” en relación con Jesús.
En el Nuevo Testamento, vamos a ver como Dios se humaniza, manifestándose en carne en Jesús, para traernos y darnos la Palabra. Y también veremos, como tras la muerte, resurrección y glorificación de nuestro Señor Jesús Cristo, los que hemos creído en él, en su obra redentora, hemos recibido el Espíritu Santo; y por consiguiente, haciéndonos participantes de la naturaleza divina: Espíritu Palabra.
El centro del cristianismo no es Dios, sino Jesús, Jesús Cristo hombre, del linaje (sperma) de David según la carne, el que vivió con nosotros y murió en la Cruz por nosotros, para nuestra Salvación. Porque Jesús fue quien nos reveló a Dios y quien nos lo dio a conocer.
Dios manifestado en carne (1ª Timoteo 3:16); la humanización de Dios, se produjo en Jesús Cristo hombre nuestro Señor, el único mediador entre Dios y los hombres (1ª Timoteo 2:5). Por consiguiente, Jesús Cristo hombre siendo en forma de Dios “se vació de si mismo” (Filipenses 2:7), manifestándose como “siervo”, semejante a los hombre y en la condición de hombre. Es decir, que Jesús Cristo hombre siendo en forma de Dios, renunció a toda grandeza, a toda majestad y a toda expresión de poder temporal. No hay otro modo de ver a Jesús nuestro Señor, si no es en forma de “siervo”, renunciando voluntariamente a todo privilegio y a toda distinción.
Reflexionando en el párrafo anterior, es como si Dios nos dijera, que en la medida en que nos acerquemos a esta forma de estar en el mundo (en la que Él estuvo habitando en Jesús), tendremos amor hacia la humanidad; y en esa misma medida, también nos acercaremos a Él, a Su voluntad, en obediencia, humildad y mansedumbre.
Es evidente, que cualquier lector estará pensando: Este hombre nos dice, que Jesús hombre es el centro del cristianismo, pero de lo que hemos leído hasta ahora, parece, que nos esta exponiendo a un Jesús menos humano, nos está exponiendo a Jesús en forma de Dios, donde prevalece la Deidad en él sobre la humanidad y en una especie casi de “monofisismo larvado”.
¡No es mi intención, ni muchísimo de menos!
Reconozco, que me es imposible el separar la humanidad de Jesús de la Deidad en él. Pero igualmente, también me es imposible separar la Deidad en él, de su humanidad.
Jesús, es en forma de Dios, y es un verdadero hombre.
Entiéndase, que cuando utilice la expresión “la Deidad”, no estoy diciendo, que Jesús es “la Deidad”, sino que en él habita corporalmente toda la plenitud de “la Deidad”, porque así agradó al Padre (Colosenses 2:9 y 1:19).
¡Fijense que no he dicho que Jesús es Dios, sino que es en forma de Dios!
Repito: ¡Jesús, es en forma de Dios y es un verdadero hombre!
Demostrar, que Jesús fue hombre, me parece hasta absurdo, porque lo primero que vemos es como toda la Cristiandad de un modo u de otro celebra la Navidad, el nacimiento de Jesús. Que creció en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres (Lucas 2:52). Que recorrió incansablemente todas las ciudades y aldeas llevándoles las “Buenas Nuevas el Evangelio del Reino”. Que comió, bebió, lloró, se cansó, tuvo sueño, se alegró, se angustió, se entristeció, etc., exactamente igual que cualquiera de nosotros. Que sufrió tal contradicción de pecadores, que lo desnudaron, pegaron, azotaron, escupieron, insultaron, se burlaron, lo escarnecieron y finalmente lo crucificaron y derramando sangre (su sangre preciosa). En la cruz del Calvario, brilló el amor de Jesús Cristo hombre, en todo su esplendor, en un amor que excede a todo conocimiento, entregándose a sí mismo, obedeciendo al Padre hasta la muerte y muerte de cruz y donde estuvo absolutamente solo, solo hombre, en cuerpo, alma y espíritu (Mateo 27:46 y Marcos 15:34). Resucitó de entre los muertos y durante cuarenta días estuvo predicando el evangelio del reino; y cientos y cientos de personas, fueron testigos de verle resucitado. Estando con algunos discípulos se elevó, ascendió y desapareció en las nubes. Dios nuestro Padre lo exaltó colocándolo en un orden un tanto superior a los ángeles y posicionándolo sentado a su diestra, a la diestra de la Majestad de las alturas. Jesús Cristo hombre glorificado y sentado a la diestra de Dios, es nuestro Sumo Sacerdote, quien intercede permanentemente por nosotros, presentando ante el Trono de la Gracia nuestras ofrendas y alabanzas. Jesús Cristo hombre glorificado y sentado a la diestra de Dios, es nuestro Abogado y es también nuestro hermano mayor (el primogénito entre muchos hermanos). Jesús Cristo hombre glorificado y sentado a la diestra de Dios es cabeza y esposo que cuida y sustenta a la iglesia. Jesús Cristo hombre glorificado, vendrá para reunirnos con él. Jesús Cristo hombre glorificado, transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya. Jesús Cristo hombre glorificado, vendrá a reinar durante mil años y nosotros con él. Jesús Cristo hombre glorificado, entregará el reino al Dios y Padre cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Jesús Cristo hombre glorificado, se sentará en el trono de su gloria, en el Juicio del Trono Blanco.
¡Jesús Cristo hombre glorificado por toda la eternidad y nosotros con él!
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Veamos que dice la palabra de Dios y en los cuatro Evangelios:
Tres evangelios sinópticos, es decir, los tres afines y semejantes en cuanto al orden de la narración y al contenido (Marcos 60-70 d.C.; Mateo 70 d.C.; Lucas 70-80 d.C.); y por singularidad, el Evangelio de Juan, que fue el más tardío (95-100 d.C.).
Cabe resaltar, los aspectos, de que tan solo Mateo y Juan fueron apóstoles que anduvieron con el Señor Jesús; y el de la diferencia que hay entre los tres sinópticos y el evangelio de Juan.
La frase “el Hijo del Hombre”, era un título mesiánico (Daniel 7:13-14) y por consiguiente referido a un ser humano; mientras que la frase “el Hijo de Dios”, era intencionadamente presentada por los judíos (Fariseos, Saduceos y Escribas) de la época como una blasfemia, queriendo que el resto de judíos, entendieran, que quién la pronunciara esta frase siendo un hombre, se hacía Dios (Juan 10:33).
¡Es lo que ellos entendieron, pero no es, lo que debiéramos entender nosotros!
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Mateo:
Hijo de Dios ---> 8 y nunca las pronunció Jesús.
Hijo del Hombre ---> 30 y todas pronunciadas por Jesús.
Marcos:
Hijo de Dios ---> 3 y nunca las pronunció Jesús.
Hijo del Hombre ---> 13 y 12 pronunciadas por Jesús.
Lucas:
Hijo de Dios ---> 5 y nunca las pronunció Jesús.
Hijo del Hombre ---> 26 y 25 pronunciadas por Jesús.
Resumen:
Hijo de Dios ---> 16 y nunca las pronunció Jesús.
Hijo del Hombre ---> 69 y 67 pronunciadas por Jesús.
Es evidente, que en los tres evangelios sinópticos, se pone el énfasis en el carácter mesiánico y en la humanidad de Jesús.
Juan:
Hijo de Dios ---> 10 y 5 pronunciadas por Jesús.
Hijo del Hombre ---> 11 y 9 pronunciadas por Jesús.
En este evangelio de Juan, es cuando Jesús, pronuncia la frase “Hijo de Dios”, e incluso la frase “Hijo de Dios soy”; pero aún así, también pronuncia casi el doble de veces la frase, “el Hijo del Hombre”.
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El evangelio de Juan, fue escrito casi 30 años después de los evangelios sinópticos; con el propósito de que creamos que Jesús es el Cristo (el Mesías/el Ungido), el Hijo de Dios y para que creyendo, tengamos vida en su nombre (Juan 20:31); pero también, mostrándonos la Deidad en Jesús, así como la humanidad del mismo. El apóstol Juan tuvo que enfrentarse y durante muchos años a la herejía destructora del “gnosticismo”, la cual, fue la herejía más peligrosa que amenazó a la iglesia primitiva durante los tres primeros siglos; y es por ello, que tanto en su evangelio, como en las cartas apostólicas, trata de rebatir los conceptos que estaban haciendo muchísimo daño a la iglesia.
1.- El dualismo en cuanto al espíritu y la materia. Los gnósticos aseguraban que la materia era inherentemente mala y el espíritu bueno. Por consiguiente, creían, que la vida real solamente existía en la realidad del espíritu.
¡Tan solo querían ver la parte espiritual!
2.- El dualismo filosófico-místico, por el cual podrían conseguir un conocimiento intuitivo, misterioso y secreto de las cosas divinas (gnosis), que les conduciría a la salvación.
El apóstol Juan y en el principio de su evangelio, es como si les estuviera diciendo, que se olvidaran de la filosofía neoplatónica y mística, y que prestaran atención a la palabra de Dios, “la Palabra hecha carne” en Jesús y que habitó entre nosotros, la cual, les daría el único conocimiento, que pudiera conducirlos a la salvación.
(Juan 1:1 – Traducción del Griego) “En principio es la Palabra, y la Palabra es en Dios y de Dios es la Palabra”.
(Juan 1:14 – Traducción del Griego) “Y la Palabra carne llegó a ser, y habitó en nosotros, y vimos la gloria de ella misma, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”
¡Analizando estos dos versículos, ellos, nos declaran sin ambages la Deidad en Jesús!
3.- La negación de la humanidad de Jesús. Decían, que Jesús nunca fue un ser humano sino que tan solo aparentaba serlo.
Dijo Juan, enfrentándose al gnosticismo: “y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo (Jesús Cristo) ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1ª Juan 4:3).
¡No creo, que nadie dude, del énfasis, que pone el apóstol Juan en cuanto a la humanidad de Jesús!
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Tras desaparecer el último apóstol Juan, la herejía destructora del "gnosticismo" siguió dañando a la iglesia durante muchos años (casi hasta finales del Siglo III).
A mediados del Siglo III, surgió "el arrianismo" (precusores de los Testigos de Jehová), la cual y en contraposición del "gnosticismo", que negaba la humanidad de Jesús, para tan solo creer y desde planteamientos filosóficos en la divinidad del mismo; por el contrario, "el arrianismo", negaba contundentemente la divinidad de Jesús, y considerándolo como un ser humano con ciertos atributos divinos.
Estas dos herejías, se enfrentaron, y dando lugar a que los llamados "Padres Apologetas", escribieran, intentando defender la doctrina apostólica, de un único Dios verdadero manifestado en carne en Jesús; y por consiguiente, habitando corporalmente en él, toda la plenitud de la Deidad.
¡Evidentemente, lo he dicho irónicamente!
Pero desgraciadamente no fue así, porque a partir de Tertuliano, ya comenzaron a filosofar buscando aquello que no estaba escrito, y dando pie, a que partir de principios del Siglo IV, surgiera y se consolidara posteriormente la herejía destructora del "Credo Niceno y el Credo de San Atanasio" y que en la actualidad es conocida como "El Misterio de la Santísima Trinidad".
Esta herejía destructora, no se diferencia mucho de sus antecesoras, porque al igual que ellas, son fruto de la filosofía humana, de las huecas sutilezas, conforme a los rudimentos del mundo y no según Cristo. Tal es así, que la Iglesia Católica-Romana, culpable de la promulgación y fomento de esta herejía destructora, se vio forzada, a manipular espuriamente algunos textos bíblicos del Nuevo Testamento, para apoyar su doctrina.
Erasmo de Rotterdam, recibió el encargo de traducir el Nuevo Testamento del latín al griego, y para ello, la Iglesia Católica-Romana, le proporcionó algunos (pocos) manuscritos y los Códex Vaticanus y Sinaíticus, en los cuales, se había borrado y escrito encima tantas veces, que no podemos considerarlos como fidedignos.
Pero aún así, Erasmo y con el poco material que le proporcionaron, detectó algunas falsedades. Pero las autoridades eclesiásticas no aceptaron la traducción, y es por ello, que le forzaron a tener que escribir hasta 5 ediciones, para que ellas quedaran satisfechas.
Este Nuevo Testamento de Erasmo, es el que conocemos como “el Textus Receptus”, y que fue traducido a diferentes lenguas incluyendo la nuestra.
RVA60 cuya fuente es el Textus Receptus, contiene alrededor de 26 interpolaciones, y numeroso versículos que tendenciosamente han sido mal traducidos, en apoyo de esta herejía destructora del “Credo Niceno” y del “Credo de San Atanasio”.
Las Iglesias protestantes y evangélicas, surgieron de la madre Iglesia Católica-Romana; y es por ello, que la inmensa mayoría de ellas, siguen conservando y enseñando la doctrina del “Credo Niceno” y del “Credo de San Atanasio”, que han asumido y heredado de su madre.
Pero el problema no ha quedado aquí, sino que esta herejía destructora, tiene hoy en día una derivada, que es la del politeismo-paganismo de varios Dioses.
¡La herejía destructora de este siglo es el Credo Niceno, Credo de San Atanasio y su derivada del politeismo-paganismo!
Hoy, ya es imposible que sigan engañando, porque afortunadamente, disponemos de más de 5.500 fragmentos de manuscritos en griego del Nuevo Testamento, que dan luz a la verdad, revelando las falsificaciones y tendenciosas traducciones, que durante muchos siglos la Iglesia Católica-Romana fue efectuando.
Tal y como están las cosas, quiénes quieran acercarse a la verdad, deberán personalmente, ir al Nuevo Testamento en griego y efectuar la traducción correspondiente, la cual deberá encajar como en un puzzle, en el contexto de las Sagradas Escrituras.
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Hoy en día, y en muchísimas iglesias evangélicas, existe una especie de “seudo-gnosticismo”, por el cual deshumanizan totalmente a Jesús, para verlo única y exclusivamente divinizado.
En una exégesis bíblica del evangelio de Juan, y si deshumanizáramos a Jesús, Jesús desaparecería, y tan solo aparecería Dios el Padre.
¡Pero esto no es lo que está ocurriendo!
Ellos, no disciernen a Dios el Padre, sino que ven al que ellos llaman “Dios el Hijo”, “el Hijo Eterno” y lo sitúan en un Trono Celestial, adornado y encumbrado de toda Majestad, escoltado de miríadas de ángeles sirviéndole y objeto de toda adoración.
Esto se llama: ¡Politeismo y paganismo!
El deshumanizar totalmente a Jesús, y verlo únicamente divinizado, es como lanzar un torpedo a la línea de flotación de la fe cristiana.
¡Es destruir la fe cristiana! ¡Quiénes hacen esto, están negando al Señor Jesús que los rescató!
El centro del cristianismo, es Jesús Cristo hombre, el Jesús Cristo hombre, que cargó con todos los pecados del mundo, haciéndolo en soledad y desamparado, en su condición hombre, y donde brilló el espíritu de él, el espíritu de Jesús Cristo hombre, obedeciendo al Padre, hasta la muerte y muerte de cruz.
Nosotros, los que hemos creído en él, jamás nos encontraremos en la situación de soledad y desamparo que en la cruz y durante tres horas (sexta a novena), él vivió; y es por ello, que Jesús Cristo hombre, es el Autor y consumador de la fe.
¡El deshumanizar a Jesús, es una herejía destructora!
¡El situar a Jesús Cristo hombre glorificado, en un orden y posición en que Dios no lo ha colocado, es también, una herejía destructora!
¡Y el sustituir a Dios el Padre por un imaginario Dios el Hijo, es una herejía destructora, la cual ha derivado, en el politeismo y en el paganismo!
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(1ª Corintios 8:5-6) “Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo (Jesús Cristo), por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”
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EL CREDO DE SAN ATANASIO
Todo el que quiera salvarse, debe ante todo mantener la Fe Universal. El que no guardare ésta Fe íntegra y pura, sin duda perecerá eternamente. Y la Fe Universal es ésta: que adoramos a un solo Dios en Trinidad, y Trinidad en Unidad, sin confundir las Personas, ni dividir la Sustancia. Porque es una la Persona del Padre, otra la del Hijo y otra la del Espíritu Santo; mas la Divinidad del Padre, del Hijo y del Espíritu es toda una, igual la Gloria, coeterna la Majestad. Así como es el Padre, así el Hijo, así el Espíritu Santo. Increado es el Padre, increado el Hijo, increado el Espíritu Santo. Incomprensible es el Padre, incomprensible el Hijo, incomprensible el Espíritu Santo. Eterno es el Padre, eterno el Hijo, eterno el Espíritu Santo. Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno; como también no son tres incomprensibles, ni tres increados, sino un solo increado y un solo incomprensible. Asimismo, el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Y sin embargo, no son tres Dioses, sino un solo Dios. Así también, Señor es el Padre, Señor es el Hijo, Señor es el Espíritu Santo. Y sin embargo, no son tres Señores, sino un solo Señor. Porque así como la verdad cristiana nos obliga a reconocer que cada una de las Personas de por sí es Dios y Señor, así la religión Cristiana nos prohíbe decir que hay tres Dioses o tres Señores. El Padre por nadie es hecho, ni creado, ni engendrado. El Hijo es sólo del Padre, no hecho, ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo es del Padre y del Hijo, no hecho, ni creado, ni engendrado, sino procedente. Hay, pues, un Padre, no tres Padres; un Hijo, no tres Hijos; un Espíritu Santo, no tres Espíritus Santos. Y en ésta Trinidad nadie es primero ni postrero, ni nadie mayor ni menor; sino que todas las tres Personas son coeternas juntamente y coiguales.
De manera que en todo, como queda dicho, se ha de adorar la Unidad en Trinidad, y la Trinidad en Unidad. Por tanto, el que quiera salvarse debe pensar así de la Trinidad. Además, es necesario para la salvación eterna que también crea correctamente en la Encarnación de nuestro Señor Jesús Cristo. Porque la Fe verdadera, que creemos y confesamos, es que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y Hombre; Dios, de la Sustancia del Padre, engendrado antes de todos los siglos; y Hombre, de la Sustancia de su Madre, nacido en el mundo; perfecto Dios y perfecto Hombre, subsistente de alma racional y de carne Humana; igual al Padre, según su Divinidad; inferior al Padre, según su Humanidad. Quien, aunque sea Dios y Hombre, sin embargo, no es dos, sino un solo Cristo; uno, no por conversión de la Divinidad en carne, sino por la asunción de la Humanidad en Dios; uno totalmente, no por confusión de Sustancia, sino por unidad de Persona. Pues como el alma racional y la carne es un solo hombre, así Dios y Hombre es un solo Cristo; El que padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, resucitó al tercer día de entre los muertos. Subió a los cielos, está sentado a la diestra del Padre, Dios Todopoderoso, de donde ha de venir a juzgar a vivos y muertos. A cuya venida todos los hombres resucitarán con sus cuerpos y darán cuenta de sus propias obras. Y los que hubieren obrado bien irán a la vida eterna; y los que hubieren obrado mal, al fuego eterno. Esta es la Fe Universal, y quien no lo crea fielmente no puede salvarse. AMEN
La característica fundamental de este Credo, es la ausencia absoluta de fundamentos apostólicos (no se apoya en ningún texto apostólico). El Sr. Atanasio, elaboró esta doctrina desde la filosofía humana, las huecas sutilezas, conforme a los rudimentos del mundo y no según Cristo.
¡Si alguien entiende este Credo, estoy seguro, que aprenderá chino en cinco días!
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“Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él” (Deuteronomio 4:35) y “... uno es Dios, y no hay otro fuera de él” (Marcos 12:32). En base a estos versículos y otros semejantes, no creo en preexistencias, sino el la Omnisciencia y en su derivada de la presciencia de Dios (previo conocimiento); en un Plan perfecto conforme a su voluntad y propósito (Efesios 1:11 y Efesios 3:11), el cual y en la dispensación del cumplimiento de los tiempos (Efesios 1:10), parte de esta voluntad y propósito ya se ha cumplido y el resto también se cumplirá.
Por el contrario, hay otros muchos, que prefieren el concepto de preexistencia al de presciencia. Prefieren ver junto o al lado de Dios, a una pluralidad de personas divinas-coeternas-distintas o en su caso, a una pluralidad de Dioses. Y para ello, efectúan lecturas bíblicas de modo muy particular, falsificaciones y tendenciosas traducciones del Nuevo Testamento en griego (Ejemplo: 1ª Juan 5:20; 1ª Juan 5:7; Mateo 28:19; Juan 1:1; Tito 2:13; 2ª Pedro 2:1; etc., etc., etc.)
¡Y muchos están siguiendo estas disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad está siendo blasfemado!
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La preexistencia de Cristo – Evangelio de Juan
El apóstol Juan, se encontraba en Efeso, a la edad avanzada de casi 100 años, y el panorama que tenía por delante, precisamente no era muy alentador. Los cristianos de adscripción judía, prácticamente todos, habían retornado al judaísmo, y los pocos que quedaban, estaban constituyéndose en una especie de secta, que asignaba un lugar demasiado alto a Juan el Bautista y en detrimento de Jesús. Por otro lado, la mayoría de los cristianos, eran culturalmente de adscripción griega, y por consiguiente, afectos, a las enseñanzas de sus filósofos y fundamentalmente a las enseñanzas de Platón, creyendo en la preexistencia del alma, bien en forma de espíritus o en su caso en forma de dioses.
En base a esta filosofía neoplatónica, encubiertamente, se introdujo en la iglesia la herejía destructora del gnosticismo, la cual enfatizaba, que solo se podría alcanzar la salvación a través del conocimiento (gnosis); a través de un conocimiento filosófico-místico; y por otro lado, negaban la humanidad de Jesús, negaban que Jesús hubiera venido en carne.
¡Este es el panorama, que el apóstol Juan tuvo por delante!
Seguramente y es opinión, Juan estaba muy preocupado, pensando, en el modo de presentar el Evangelio, por el cual, los culturalmente griegos pudieran entenderlo.
Juan, no apoya la doctrina pagana de la preexistencia, sino justamente todo lo contrario.
Me duele el ver, como hoy en día y aquellos que defienden la preexistencia de Cristo, como el Hijo Eterno, como Dios el Hijo o como ambos, están efectuando traducciones e interpretaciones tendenciosas de varios versículos del Evangelio de Juan, por las cuáles apoyar su doctrina politeísta-pagana
El evangelio de Juan coloca a Juan el Bautista en su lugar.
Comienza el Evangelio haciendo una clara referencia a la esencia de Dios, “Palabra”. Les está diciendo a aquellos que pudieran ser arrastrados por el gnosticismo, que se olviden de filosofías neoplatónicas-misticas y que atiendan a la Palabra, a la palabra de Dios hecha carne en Jesús, la cual es la única, que podrá llevarles a la vida, a la salvación.
El Evangelio de Juan y en comparación con los sinópticos, es el que más enfatiza en la condición humana de Jesús.
El apóstol Juan y como no podía ser de otra manera, fue un judío monoteísta; y por consiguiente, él nunca pudo decir algo, que pudiera interpretarse, como refiriéndose a otro Dios. Juan, que tuvo una vinculación muy especial con Jesús, estaba absolutamente convencido, que lo que salía por la boca de Jesús y las obras que él hacía, era consecuencia directa, de que en el espíritu de él, no habitaba lo que en cualquier ser humano pudiera ser normal, sino que en el espíritu de Jesús, habitó plena y exclusivamente, la Voluntad y el Propósito Eterno que Dios hizo en él.
Muchos años antes de que Juan escribiera su Evangelio, el apóstol Pablo, escribió: ”Porque en él (en Jesús) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosense 2:9).
A Juan, no se lo tuvo que revelar el Espíritu Santo, sino que él fue testigo directo. Él vio y oyó cosas, que tan solo y para él, eran explicables, desde el convencimiento, de que Dios el Padre estaba o era en Jesús, y Jesús estaba o era en el Padre (Juan 10:38; 14:10). En lo que Juan oía y veía, es como si en realidad estuviera oyendo y viendo a Dios Padre (Juan 12:45; 14:9).
¡No estaba viendo y oyendo a ninguna preexistente persona divina, Hijo Eterno o Dios el Hijo!
¡Si deshumanizáramos a Jesús, quedaría tan solo Dios el Padre!
Fíjense, lo que escribió, para indicarnos cuál fue el propósito de su Evangelio: “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Juan 20:31).
Repito: Sobre la Deidad en Jesús escribió muchos años antes el apóstol Pablo; y en algunos aspectos, haciéndolo de modo más claro y explícito que el propio apóstol Juan y en su Evangelio (Filipenses 2:5-11 y 1ª Timoteo 3:16). Entiendo, que el apóstol Juan y cuando expone el propósito de su Evangelio, nos está dirigiendo en primera instancia, hacia la humanidad de Cristo, como el Mesías, el ungido de Dios, el Hijo de Dios; pero también, nos dirige hacia la Deidad en él.
La frase “El Hijo de Dios”, tan sólo es pronunciada por Jesús cinco veces y en el Evangelio de Juan. Por el contrario y en los cuatro Evangelios, Jesús, pronuncia más de setenta veces la frase: “El Hijo del Hombre”. ¡Es como si Jesús, nos instara, a poner el foco en su condición de hombre!
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(RVA60 - Juan 1:1-5) “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”
No es mi intención, el aburrirles, exponiendo de continuo, los textos en Griego y el modo en que estudio una traducción fidedigna, que encaje perfectamente con el contexto de las Escrituras.
¡Tan solo lo haré en esta ocasión!
Y lo haré, para que sepan, que cuando les exponga una traducción alternativa, ésta ha sido neutralmente estudiada conforme a mi capacidad, la cual reconozco, que quizás no sea mucha.
Diccionario Strong en Español: (Lo subrayado es mío - Juan 1:1) εν G1722:PREP En αρχη G746:N-DSF principio ην G1510:V-IAI-3S estaba siendo ο G3588:T-NSM la λογος G3056:N-NSM Palabra και G2532:CONJ y ο G3588:T-NSM la λογος G3056:N-NSM Palabra ην G1510:V-IAI-3S estaba siendo προς G4314:PREP hacia τον G3588:T-ASM a el θεον G2316:N-ASM Dios και G2532:CONJ y θεος G2316:N-NSM Dios ην G1510:V-IAI-3S estaba siendo ο G3588:T-NSM la λογος G3056:N-NSM Palabra
estaba siendo ---> εἰμί eimí; prim. pers. sing. presente ind.; forma prol. de un un verbo prim. y defectivo verb; yo existo (usado solo cuando es enfático):-ser.
1ª Persona singular presente indicativo del verbo Ser: Yo soy
G2258 ---> ῆ̓ν jén; imperf. de G1510; Yo (tú, etc.) estaba (estabas, estabamos):-(yo) era, estuviere, (tú) eras, estuvieres, fui, fuimos.
El pretérito imperfecto de la 1ª persona singular presente indicativo verbo Estar---> Yo estaba.
Vemos los verbos “Ser” y “Estar”, los cuáles son difíciles de interpretar por aquellos que no conocen bien nuestra lengua española.
Personalmente y en relación con Dios, mi inclinación, siempre es y será la de utilizar el verbo “Ser”.
Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros (Éxodo 3:14). YO SOY EL QUE SOY ---> el que es, el que siempre es. YO SOY (el que es – es) ---> 1ª persona singular del presente indicativo.
La Palabra es esencia de Dios, y la cual es inquebrantable y siempre permanente, y es por ello, que la Palabra siempre es.
και (Griego clásico) ---> (y, y de)
Dios es Espíritu Palabra, y no existiendo en Él, ni pasado ni futuro, sino el eterno presente.
Dios (Espíritu Palabra) siempre es.
“En el principio es la Palabra, y la Palabra es en Dios,
y de Dios es la Palabra”
Los que defienden la doctrina pagana de la preexistencia de Cristo, tendenciosamente traducen utilizando las palabras: Verbo, era y con.
1.- Verbo es una palabra en Latín, pero que tendenciosamente no la traducen por su verdadero significado, que es el de “Palabra”. Y no lo hacen, porque Palabra es esencia del único Dios verdadero, Invisible y Eterno; y lo que realmente ellos pretenden, es que al quedar la palabra “Verbo” como un concepto abstracto, les sea fácil el enseñar, que se refiere al preexistente Cristo, el Hijo Eterno, Dios el Hijo.
2.- Y el Verbo era Dios, queda como una expresión con cierta indefinición. Algunos pueden entender, que se está refiriendo al único Dios; y por el contrario otros, pueden entender, que se está refiriendo a otro Dios (al preexistente Cristo).
3.- El Verbo era con Dios, también se puede entender, que el preexistente Cristo era junto o al lado de Dios; o lo que es lo mismo, que junto a Dios, al lado de Dios existía el Hijo Eterno, Dios el Hijo.
¡Esto es lo que pretende, con esas traducciones tendenciosas!
Traducción fidedigna:
(Traducción Griego a Español - Juan 1:1-5) “En el principio es la Palabra, y la Palabra es en Dios, y de Dios es la Palabra. Ella es en el principio en Dios. Todo por medio de ella se hizo, y fuera de ella, no se hizo ninguna cosa de lo que ha sido hecho. En ella era vida, y la vida era la luz de los hombres, y la luz en la oscuridad brilla y la oscuridad no la alcanzó.”
Todas las cosas por la palabra de Dios fueron hechas,...:
(Salmo 33:6) “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.”
(Hebreos 11:3) “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.”
(2ª Pedro 3:5-7) “Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos.”
La Palabra era vida, y la vida era la luz de los hombres:
(Mateo 4:4) “El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
(Juan 6:63) ”Dijo Jesús: El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida”
(Juan 6:68) “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.”
(Salmos 119:105) “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
(Juan 8:12) “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”
(2ª Corintios 4:6) “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo (Jesús Cristo).”
(1ª Juan 1:5) “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él.”
Hace más de 40 años, mi padre, me regaló una Biblia (RVA60), la cual conservo y conservaré hasta que el Señor venga o me vaya con él. ¡Pero pasión no quita conocimiento!
RVA60, es tendenciosamente trinitaria, y por tendenciosa, no es fidedigna en específicas traducciones. Me gusta mucho su lenguaje, pero no solamente ha de ser bello, sino que también ha de ser fidedigno.
Cualquier persona que haya leído esta reflexión, coincidirá conmigo, que la traducción (griego-español) que he hecho, se ajusta perfectamente al contexto de las Escrituras, mientras que la de RVA60, no se ajusta (ni tampoco creo que lo pretenda), tal y como ha quedado demostrado.
Ilustración: La palabra que utiliza Juan para referirse a la Palabra, es “Logos”. Logos es el término griego que significa "la Palabra". Los filósofos griegos como Platón usaban “Logos” no sólo para referirse a la palabra hablada, sino a la palabra sin hablar, la palabra que todavía está en la mente -- la razón. Cuando la aplicaban al universo, los griegos estaban dirigiéndose al principio racional que gobierna todas las cosas.
Un filósofo griego, llamado Heráclito, utilizó por primera vez el término “Logos” cerca del 600 a.C. para designar la razón divina o plan que coordina el universo entero. Los judíos monoteístas utilizaron “Logos” para referirse a Dios, y a que Él era la mente racional -- la razón – detrás de la creación y la coordinación del universo.
Por esto, Juan utilizó una palabra muy especial -- “Logos” -- que era significativa tanto para los judíos como para los griegos durante el primer siglo d.C.
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(Nueva Biblia de Jerusalén 1998 (Católica) - Juan 1:6-14) “Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre, viniendo a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a los suyos, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de hombre sino que nacieron de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Unigénito, lleno de gracia y de verdad.”
He expuesto estos versículos de la Nueva Biblia de Jerusalén Edición 1998, para que junto con los expuestos en RVA60, puedan contrastarlos con la versión original en griego. Si neutralmente así lo hicieren, comprobarán, que cuanto menos y en estos versículos, la versión Católica-Romana es mucho más fidedigna que RVA60 (la Biblia Evangélica por excelencia en lengua hispana)
¡Y esto es muy fácil de comprobarlo!
En el versículo 14, es donde y desde mi convicción, el apóstol Juan, declara la Deidad en Jesús.
Juan y en su Evangelio, no nos describe el nacimiento de Jesús, pero sabemos por las Escrituras, que Jesús fue un varón judío, engendrado por Dios en Espíritu, del linaje (sperma) de David según la carne y nacido de mujer. Por consiguiente, un santo Ser, cuyo espíritu fue en la más pura inocencia (el postrer Adán); en una absoluta dependencia a Dios, y donde en su espíritu no cabía otra cosa, que no fuera la voluntad y el Propósito Eterno que Dios hizo en él. Lo que él dijo e hizo, lo hizo Dios mismo, por medio de él. Jesús, no dijo e hizo nada por su propia cuenta, sino que Dios el Padre que moraba en él, fue quien habló e hizo las obras. Es por ello, que contemplar a Jesús, desde las palabras que salieron por su boca, desde su comportamiento y hechos, es ver a Dios el Padre, es conocer a Dios. Jesús nos dio a conocer al Padre, porque en él y consustancialmente estaba la Palabra que Él le dio; Jesús nos mostró su carácter y todo cuanto hizo, fue hecho en el poder del Espíritu.
¡Jesús fue, en forma de Dios!
En lo que han leído hasta ahora:
¿Dónde está la preexistencia de Cristo, el Hijo Eterno, Dios el Hijo?
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(Nueva Biblia de Jerusalén 1998 (Católica) - Juan 1:15) “Juan da testimonio de él y clama: Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.”
(Traducción Griego a Español - Juan 1:15) “Juan es testigo acerca de él y ha clamado a gritos diciendo: Este es de quien dije: el que detrás de mi viene, primero de mí ha llegado a ser, porque más importante de mí es.”
¡Creo, que es significativamente diferente a la traducción de NBJ-1998!
Sería muy bueno y conveniente, el tener grabados en nuestra mente los versículos siguientes (griego-español):
1.- “En el principio es la Palabra, y la Palabra es en Dios, y de Dios es la Palabra”
2.- “Y la Palabra carne llegó a ser, y habitó en nosotros, y vimos la gloria de ella misma, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”
En esta ocasión, he expuesto Juan 1:15 de la versión NBJ 1998, para que vean como traduce la Biblia Católica-Romana; y como también, esta Iglesia, pretende defender la doctrina pagana de la preexistencia de Cristo: “porque existía antes que yo”.
En la traducción griego-español, Juan el Bautista está diciendo, que Jesús y aunque ha venido después de él, en realidad es primero que él, por cuanto que Jesús es más importante. Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia (Juan 1:16).
En lo que han leído hasta ahora:
¿Dónde está la preexistencia de Cristo, el Hijo Eterno, Dios el Hijo?
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(RVA60 - Juan 1:18) “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.”
(Traducción Griego a Español - Juan 1:18) “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito de Dios (la Deidad), quien es en el seno del Padre, lo explicó (le ha dado a conocer).”
Como anteriormente dije, siempre utilizaré el verbo “Ser”, mientras que otros y por la razones que fueren, gustan de utilizan el verbo “Estar”.
A Dios, no podemos ubicarlo en el espacio ni limitarlo en el tiempo, porque Él es Espíritu Palabra. Por ello y en nuestro lenguaje humano (antropomórfico), podríamos decir, que Jesús, es en el corazón, en la mente de Dios, como su voluntad y el Propósito Eterno que hizo en él.
Por favor: ¡Que nadie vea seres celestiales preexistentes o algo por el estilo!
En lo que han leído hasta ahora:
¿Dónde está la preexistencia de Cristo, el Hijo Eterno, Dios el Hijo?
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1.- “En el principio es la Palabra, y la Palabra es en Dios, y de Dios es la Palabra”
2.- “Y la Palabra carne llegó a ser, y habitó en nosotros, y vimos la gloria de ella misma, gloria como de Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”
Si cuando lean el Evangelio de Juan, tienen en mente estos versículos, además de entender todo lo escrito por Juan, no caerán jamás, en la doctrina pagana de la preexistencia, sea de Cristo o de la nuestra; y tampoco caerán en el politeismo pagano de varios Dioses.
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EVANGELIO DE JUAN: ¿LA PREEXISTENCIA DE CRISTO?

¨¨LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA¨¨(Paco Clares)

Paco Clares ha compartido un enlace.
LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA
(Hebreos 11:1) “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”
PESHITA, escrita en Siríaco (dialecto del arameo), Siglo II
(Hebreos 11:1) “Ahora bien, la fe es la convicción de las cosas que se esperan como si ya fueran realidad, y es la revelación de las cosas que no se ven.”
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En este mensaje, me voy a centrar fundamentalmente, en la certeza de lo que se espera; o dicho de otro modo, en la convicción de las cosas que se esperan como si ya fueran realidad.
Pero antes, vamos a recordar todos juntos, que Jesús, es el autor y consumador de la fe, en quien tenemos o debiéramos tener, puestos, nuestros ojos.
Así, que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Es por la fe en Jesús nuestro Señor y en su obra redentora, consumada en la cruz, y por la Palabra, que hemos pasado de las tinieblas a la luz, de la potestad de Satanás a Dios, recibiendo perdón de pecados y herencia entre los santificados; porque por gracia somos salvos por medio de la fe; y esto no de nosotros, pues es don de Dios (Efesios 2:8).
Es Jesús, a quién Dios puso, como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús
Así, que justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesús Cristo; por quién también, tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Por la fe en Cristo Jesús, somos hechos hijos de Dios y viviremos, estando firmes y en pie.
Estoy persuadido y me duele mucho el decirlo, que lo que más nos falta, es la fe en la presencia personal del Señor y en la acción y dirección del Espíritu Santo en la asamblea o iglesia. Tengamos siempre presente, que cuando nos reunamos en el nombre del Señor, él está en medio de nosotros (Mateo 18:20). E igualmente, tengamos siempre presente, la presencia del Espíritu Santo, del Espíritu de verdad con nosotros, en nosotros y en la asamblea o iglesia (Juan 14:16-17)
La palabra de Dios, nos dice, que sabemos, que Él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado (1ª Juan 3:24). El Espíritu, que nos ha dado, es el Espíritu Santo, es el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas nosotros le conocemos; porque está con nosotros, y será en nosotros (Juan 14:16-17). La gracia de nuestro Señor Jesús Cristo, el amor de Dios nuestro Padre, y la participación del Espíritu Santo es con todos nosotros (2ª Corintios13:14).
Cuanto conocemos de Dios el Padre, fundamentalmente, lo conocemos, por nuestro Señor Jesús Cristo, que es, quién nos lo dio a conocer; pero también y posteriormente, ampliamos este conocimiento, por lo que reveló a los apóstoles por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios (1ª Corintios 2:10-11).
Es por el Espíritu, que nos es dada palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu; a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu. A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas. Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere (1ªCorintios 12:8-11).
Tengamos oído, y oigamos lo que el Espíritu dice a esta asamblea o iglesia. Asimismo, tengamos siempre presente, que el Espíritu nos ayuda en nuestras flaquezas; porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26).
El Espíritu Santo, nos enseña y recuerda todas las cosas que hemos recibido por la palabra de Dios (Juan 14:26); y nos guía, porque somo hijos de Dios (Romanos 8:14). Y también, el Espíritu Santo, es el que llama a los obreros, para la obra del Señor (Hechos 13:2).
El Espíritu Santo, además de lo anteriormente expuesto, está aquí en la Tierra y estará, hasta que el Señor venga para nuestra reunión con él; y está aquí, para convencer, redargüir al mundo de pecado, de justicia, y de juicio. De pecado ciertamente, por cuanto no creen en nuestro Señor Jesús Cristo; y de justicia, por cuanto nuestro Señor está sentado a la diestra del Padre; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado en la cruz del Calvario (Juan 16:8-11).
Un día dormiremos y nos iremos con el Señor, salvo que adelantara su Venida y fuésemos reunidos con él. Nuestro espíritu será trasladado al Paraíso en el mismo instante en que muramos físicamente; por ello, no hemos de temer a la muerte, porque sabemos, que en este trance, también está Dios con nosotros; y porque el Señor Jesús Cristo, ha quitado el aguijón del pecado y de la muerte, tras obtener en la cruz la victoria, que nos ha librado de la servidumbre a que estábamos sujetos, por temor a la muerte. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón (el pecado)? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1ª Corintios 15:55)
En el Paraíso, estaremos con el Señor Jesús Cristo, gozando de su presencia en plena consciencia; será un estado intermedio con pleno conocimiento de quiénes somos en el orden espiritual, y en una ausencia total de todas aquellas circunstancias que nos eran dolorosas. Por el contrario, los que no son hijos de Dios y discípulos de Cristo, irán a un lugar llamado Sheol/Hades, donde permanecerán igualmente en un estado intermedio, separados del Señor Jesús Cristo y en espera de "la resurrección de los muertos" y del "juicio eterno".
Resucitar, significa volver a la vida tras haber muerto. Todos o casi todos, resucitaremos algún día, aunque no todos lo haremos a la vez. Primeramente, resucitarán los muertos en Cristo y el resto lo harán al final de los tiempos, transcurridos los mil años, en que los hijos de Dios, reinaremos con Cristo.
Nuestro Señor Jesús Cristo, es el ejemplo perfecto, de cómo seremos tras la resurrección.
(1ª Juan 3:2) “Amados ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste seremos semejantes a él, porque le veremos tal y como él es.”
Aunque tras la muerte, el cuerpo, alma y espíritu fueron separados del cuerpo, Dios, los volverá a unir. La resurrección, significa la redención de nuestros cuerpos y la restauración de la identidad personal. Recibiremos un cuerpo, el cual, inconfundiblemente será el nuestro, pero evidentemente, de una naturaleza absolutamente distinta. Nos dará, un cuerpo de gloria, el cual, no estará sujeto a aquellas limitaciones, a las que el cuerpo terrenal estaba sujeto.
El Señor Jesús Cristo, transformará, nuestro cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder, por el cual, puede también sujetar a sí mismo todas las cosas (Filipenses 3:21).
El cuerpo del Señor Jesús Cristo, era el mismo, aunque diferente al cuerpo terrenal, de tal manera, que en algunas ocasiones, no llegaron a reconocerle a simple vista. Atravesaba paredes y aparecía y desaparecía a voluntad propia; su cuerpo, era visible y tangible, llegando incluso a comer con sus discípulos.
Del mismo modo, que Dios, nos creó, dándonos un cuerpo a cada uno y diferente; igualmente, también, nos dará un cuerpo de gloria a cada uno y diferente (1ª Corintios 15: 38-43).
Nuestra identidad personal será restaurada de tal modo, que tendremos memoria de las cosas, reconoceremos a quiénes conocimos y podremos comunicarnos con ellos; al igual que sucedió al Señor Jesús Cristo, tras resucitar de entre los muertos.
Aunque la norma es, que todos experimentemos la muerte, la resurrección y el juicio; conocemos por la Biblia, que ya se han producido algunas excepciones (Enoc y Elías), y conocemos la promesa, por la cual algunos hijos de Dios y discípulos de Cristo, no experimentarán o no experimentaremos la muerte, toda vez serán o seremos arrebatados por Cristo en su Venida. Lo cierto, es que si vivimos así como si ya hubiéramos muerto, los que hemos creído en el Señor Jesús Cristo, seremos transformados y arrebatados.
En un momento, en un instante, los muertos en Cristo resucitarán y los de Cristo en su Venida serán o seremos arrebatados para encontrarnos con el Señor en las nubes; y esto se producirá al toque de la final trompeta (1ª Corintios 15:51-53).
Todo esto, constituye para nosotros, una "esperanza bienaventurada", la cual debe servirnos, para purificarnos, para mantenernos sin mancha e irreprensibles, viviendo en paz y negándonos a nosotros mismos.
(Tito 2:11-13) "Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo, sobria y justamente aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y de Salvador Jesús Cristo."
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Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.
(Gálatas 6:7-8) "No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna."
Habrá dos resurrecciones: primero los muertos en Cristo y tras cumplidos mil años todos los que murieron sin Cristo. Los primeros, compareceremos ante el "Tribunal de Cristo", mientras los segundos, lo harán ante el "Gran Trono Blanco".
Dios, es el Juez de todos, pero ha dado la autoridad para ejecutar este juicio a su Hijo, el Señor Jesús Cristo. "Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo..."
Dios, conoce de antemano todas las cosas, y no necesita de testigos que declaren, ni pruebas para dar su veredicto, como haría un juez en nuestros juzgados (Hebreos 4:13). Por tanto, el día que comparezcamos ante el Señor Jesús Cristo, él, nos mostrará que sabe todas las cosas, y nos mostrará su justicia.
El que los hijos de Dios y discípulos de Cristo, comparezcamos ante el Tribunal de Cristo y que los incrédulos lo hagan ante el Gran Trono Blanco, no es una decisión arbitraria de Dios. Los hijos de Dios y discípulos de Cristo, tenemos la promesa, de que no seremos afectos a la ira de Dios (salvos de la ira), toda vez, hemos aceptado al Señor Jesús Cristo como nuestro Salvador, y nuestro pecado ya fue juzgado con él, en la cruz del Calvario.
Es claro, que cuanto hicimos antes de conocer y creer en el Señor Jesús Cristo, ya ha sido juzgado en la persona de Cristo, cuando tomó nuestro lugar en el "juicio de la cruz" muriendo por nosotros, por nuestros pecados. Luego, las obras, que únicamente han de ser juzgadas, serán las que realicemos sobre el fundamento de nuestro Señor Jesús Cristo. Las obras de cada uno se harán manifiestas; porque el día las declarará, pues por el fuego serán reveladas; y la obra de cada uno, cual sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa, si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego." (1ª Corintios 3:14-15)
El Señor, examinará y juzgará como hemos utilizado nuestro tiempo, nuestros bienes materiales, las oportunidades que hemos tenido para hablar de él, y que hemos desaprovechado, el uso de los dones espirituales que él nos ha concedido, el tratamiento que hemos dado a nuestros hermanos en Cristo, y en definitiva, el uso que hemos dado de cuanto hemos recibido de él, y si realmente lo hemos hecho para él como obra suya, o lo hemos hecho para nosotros como si la obra fuere nuestra. Todo esto, será públicamente declarado, revelado y probado; y si permaneciere la obra, recibiremos recompensas en forma de coronas, como son:
1. La corona de la vida.- Si hemos sido fieles (Santiago 1: 12).
2. La corona de justicia.- Para todos los que aman su venida (2ª Timoteo 4:7-8).
3. La corona de gozo.- Para los ganadores de almas (1ª Tesalonicenses 2:19-20).
4. La corona incorruptible de gloria.- Para los que con fidelidad han cuidado del rebaño, de la grey de Dios (1ª Pedro 5:4).
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Mientras nosotros comparecemos ante el Tribunal de Cristo, habrá en toda la tierra, gran tribulación. La tierra, será segada; siete plagas la asolarán, y siete copas de ira serán derramadas. El dragón, la bestia, el falso profeta y la gran ramera (Babilonia) será condenada. Entonces, se producirá gran gozo y alegría en el cielo; y todos los santos vestidos de lino fino, limpios y resplandecientes, entraremos a la cena de "las bodas del Cordero".
La iglesia, siempre está y estará donde está Cristo; por tanto, en la manifestación de la gloria del gran Dios, y de nuestro salvador Jesús Cristo, vendremos y reinaremos con él, durante mil años.
¡Será un reinado de paz y de justicia!
Transcurridos los mil años de reinado con él, resucitarán los incrédulos, los que a lo largo de la existencia de la tierra murieron sin Cristo, comenzando "el juicio de las naciones", "el juicio del Gran Trono Blanco", donde han de ser juzgados los gentiles, los judíos y los ángeles.
Los gentiles, serán juzgados; unos, por los libros de sus religiones o creencias; y otros, según la ley escrita en sus corazones, donde sus conciencias darán testimonio y les acusarán o defenderán sus propios razonamientos (Romanos 2:12-16).
Las doce tribus de Israel, serán juzgadas por los apóstoles, y lo harán por la ley del Antiguo Testamento (Lucas 22:29-30).
Aquellos gentiles o judíos, que hayan oído el evangelio rechazándolo, serán juzgados más severamente, que aquellos otros, que nunca tuvieron la oportunidad de haberlo oído.
(Juan 12:48) "El que rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero."
Nosotros, no seremos juzgados en esta ocasión, puesto que como dije, nuestro pecado ya fue juzgado en la cruz de Cristo; pero, actuaremos como jueces asistentes de Jesús Cristo, para juzgar a los gentiles y a los ángeles. "¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? ¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” (1ª Corintios 6:2-3)
(Daniel 12:2-3) "y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua. Más los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento y los que enseñan la justicia como las estrellas a perpetua eternidad."
Tras "el juicio del Gran Trono Blanco", la muerte y el Sheol/Hades serán lanzados al "lago de fuego", así como los que no se hallaron inscritos en "el libro de la vida", y esta será la muerte segunda, la separación total y definitiva, la vergüenza y confusión perpetua.
Jamás, he mezclado al pueblo de Israel con la iglesia de Dios. La iglesia de Dios, es algo especial, es celestial y apartada de toda promesa o posición terrenal. El misterio de Cristo y la iglesia, ha estado oculto durante miles de años, y en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, ha sido revelado al unísono, que el misterio de la voluntad de Dios, de reunir todas las cosas en Cristo, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.
Dice la palabra de Dios en 1ª Corintios 15:24 “Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.”
Cuando esto ocurra, creo firmemente, que estando nuestro Señor Jesús Cristo, en el seno del Padre, nosotros estaremos con él.
¡Ya nos preparó él una morada!
Para mí Dios, es el templo, donde nosotros que somos sus hijos habitaremos y moraremos por toda una eternidad, en su presencia y disfrutando de su gloria, esencia y sustancia.
¡La vida eterna!
¡Gloria a Dios, por su inmenso amor y misericordia!
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¿QUÉ ES LA VIDA ETERNA? Juan 17: 3 -(1@ PARTE)

¿QUÉ ES LA VIDA ETERNA؟ 2@ PARTE

No hay más ciego que quien no quiere ver...