martes, 20 de junio de 2017

3-1-1 "Ser de ánimo espiritual": La Esencia del Cristianismo
La disposición de nuestro corazón, respecto a qué pensamos, es de suprema importancia. Todos llevamos conversaciones con nosotros mismos, a menudo nos llevan a imaginar ciertas situaciones y cómo hablaríamos o actuaríamos con una persona. El resultado deseado de todas nuestras pruebas y experiencias, de nuestra creencia en todas las verdaderas doctrinas bíblicas que constituyen las buenas nuevas, es que debemos ser de ánimo espiritual. Este es el resultado final de creer; de ser miembro de una denominación, de leer la Biblia, de creer en las doctrinas correctas... todas estas cosas son sólo medios para un fin, y ese fin es desarrollar en nosotros la mente de Cristo, que haya "este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Filipenses 2:5). Los inicuos serán rechazados por la disposición de su corazón, más bien que por sus acciones específicas; de ahí que el resumen de Dios de por qué rechazó a la generación del desierto fue este: "Pueblo es que divaga de corazón" (Salmos 95:10). De manera similar, Dios pudo haber condenado a Babilonia por muchísimas acciones pecaminosas, pero su razón esencial y reiterada fue debido a cómo ellos hablaban en su corazón (Isaías 47:10; Sofonías 2:15; Apocalipsis 18:17). Y él dio la misma razón para condenar a Tiro (Ezequiel 28:2) y a Edom (Abdías 3). Mientras más llegamos a conocernos, más percibiremos la importancia de la conversación interior. Yo entiendo el Eclesiastés como un auto-examen de Salomón al final de su vida. Cinco veces en este breve libro él describe cómo "Yo dije en mi corazón..." (Eclesiastés 2:1, 15 [dos veces]; 3:17, 18). A medida que él recordaba y analizaba cómo y por qué había vivido y actuado como lo hizo, se daba cuenta de que era el resultado de su conversación interna, cómo se había hablado a sí mismo en su mente. Su introspección revela precisamente cómo conversamos con nosotros mismos; por ej. "Yo dije en mi corazón: Ven ahora, te probaré con alegría, y gozarás de bienes" (Eclesiastés 2:1). Todos conversamos con nosotros mismos; y los relatos de las tentaciones del Señor en el desierto son una sorprendente ventana psicológica de la conversación interna del Hijo mismo de Dios. Como sabemos, a cada tentación que surgió dentro de su conversación interna, él contestó con citas de la Escritura. Él vivió plenamente en la realidad las palabras de David: "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Salmos 119:11 -- comp. cómo la palabra de Dios estaba en el corazón de hombres como Jeremías y Ezequiel: Jeremías 20:9; Ezequiel 3:10). Este es, entonces, el fruto final de estar familiarizado con la Escritura, o de la "lectura diaria de la Biblia", lo cual ha sido el llamado principal de cada comunidad cristiana seria.
Necesitamos que pasajes como Efesios 5:3-5 tengan plena importancia para nosotros. Fornicación, codicia, y toda inmundicia no deberían "nombrarse entre nosotros", de la misma manera que Israel no había de pronunciar ni siquiera los nombres de los ídolos de los gentiles (Éxodo 23:13) -- "sino antes bien acciones de gracias", sabiendo que aquellos que hacen tales cosas no estarán en el reino de Dios. Una actitud agradecida, pensar y hablar de esas cosas con las cuales tendremos que ver eternamente, es reemplazar lo que pensamos y hablamos acerca de todas las cosas que no serán nuestra eterna esfera de pensamiento en la era del reino. Y sin embargo, nuestra generación enfrenta la tentación como nadie lo había hecho antes; observar y leer privadamente de esas cosas, comprometidos indirectamente con ellas, mientras se hallan bajo la ilusión de que en realidad nosotros mismos no las estamos haciendo. Porque es en esto que se basa la industria del entretenimiento.
Hay una extraña yuxtaposición de ideas en Jeremías 4:12-14. Jeremías promete que los horrendos juicios de Yahvéh vendrán sobre su pueblo, por medio de carros, nubes y torbellinos. Pero, ¿por qué? Debido a la iniquidad del corazón / mente de Judá. Ningún otro Dios, ni código penal, estipularía juicios tan extremos "tan sólo" por una actitud interna de la mente. El pináculo del pecado de Judá fue que "penetró hasta tu corazón" (Jeremías 4:18). Esto muestra con qué seriedad considera Dios la disposición del corazón humano.
Duncan Heaster