domingo, 1 de septiembre de 2019

TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA

TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA(Autor: Paco Clares)

TESTIMONIO DE JUAN EL BAUTISTA.
(Mateo 3: 1-17; Marcos 1: 1-11; Lucas 3: 1-18 y Juan 1: 6-8, 15 y 19-36)
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Predicando en el desierto de Judea, y diciendo:
Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado:
Esta frase tan solo aparece en el evangelio S. Mateo y es premonitoria de la frase con la que principia su ministerio, nuestro Señor Jesús Cristo.
(Mateo 4:17) "Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado."
(Marcos 1:15) “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio."
En la misión de los doce, nuestro Señor, les dio autoridad, poder e instrucciones y que predicaran diciendo: “El reino de los cielos se ha acercado." (Mateo 10:7)
En la misión de los setenta, también los envió y con idéntico propósito que cuando envió a los doce: "... y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios... Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros." (Lucas 10:9 y 11)
El reino de Dios, se ha acercado a nosotros por Jesús Cristo nuestro Señor. De tal manera, que los que hemos creído en él, hemos sido sentados en lugares celestiales, nuestra ciudadanía está en los cielos y el Señor reina en nuestro corazones. Por tanto, la Iglesia, ya está viviendo, percibiendo y disfrutando, de bendiciones espirituales, del Reino de Cristo y de Dios: “justicia”, “paz”, “gozo” y “poder” en el Espíritu Santo.
Llama la atención, de que Juan, predicara en el desierto, que por definición, no es precisamente un lugar poblado, sino todo lo contrario. La realidad, es que Juan, ya desde su niñez, estuvo frecuentemente en lugares desiertos, hasta que le vino palabra de Dios. Su modo de vida, austero y sacrificado, negándose así mismo, debió de producir admiración y curiosidad a muchos judíos. Tal es así, que él no tuvo que ir a buscar a las gentes, sino que ellas, acudieron a él. Por eso, el Señor Jesús y refiriéndose a Juan, dijo: ¿Qué salisteis a ver al desierto?
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Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados:
(Marcos y Lucas)
Esta frase, es una frase controvertida, que ha generado dos interpretaciones opuestas. Unos dicen, que antes de la muerte de Jesús, existía el perdón de pecados y se apoyan en textos del Antiguo Testamento y también en los Evangelios, donde se relata, como el Señor en la autoridad y potestad que del Padre recibió y en su nombre, perdonó los pecados al paralítico, a la mujer pecadora, al ladrón en la cruz, etc. Por el contrario, hay otros que lo niegan rotundamente.
Yo siempre y en mis reflexiones, busco inspiración, para encontrar el adecuado balance y erradicar todo tipo de contradicciones y controversias.
¡Me resisto a aceptar contradicciones en la palabra de Dios!
Creo, que el error que lleva a la contradicción, es el que algunos entienden, que hay una relación directa, entre “el perdón de pecados” y “la Salvación”.
¡Y esto, es un error!
Nuestro Dios y Padre, perdonó en muchas ocasiones, tanto individual como colectivamente, los pecados al pueblo de Israel, pero ello no significó, que alcanzaran una salvación completa y perfecta. Muchos de estos judíos, posteriormente, se desviaron y cometieron nuevamente pecados, por los que tendrán que dar cuenta.
Dios, desde antes de la fundación del mundo, ya tenía previsto el plan de salvación y sabía en su presciencia quiénes han de ser salvos, anteriores y posteriores a que Él mostrara Su Justicia en Jesús Cristo nuestro Señor, como propiciación de nuestros pecados, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.
Dios mostró su Justicia, en el Señor Jesús Cristo, en su obra redentora. La fe en Jesús Cristo, tiene como consecuencia directa “el perdón de todo los pecados"
(Colosenses 2:13) “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,”
(Hechos 4:12) “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos."
¡El nombre de Jesús!
El Sheol (en Hebreo) o Hades ( en Griego), que significa “lugar de los muertos”, es un lugar temporal, donde las almas son guardadas en espera de la resurrección y el juicio final.
El Sheol/Hades, estaba divido en dos partes, a las que no voy a dar nombre alguno y separadas con una gran sima. En una parte, estaban los justos, y en la otra los impíos, e imposibilitados de pasar de un lado al otro.
Jesús, fue al Sheol/Hades, entre su muerte y resurrección, seguramente (digo yo, que no la Palabra), para que los justos le reconocieran como el Mesías y Salvador, recibiendo el perdón para salvación y llevándoselos consigo al Paraíso, en su ascensión a los cielos. Esto significa, que en el Sheol/Hades ya no hay dos divisiones, sino que tan solo ha quedado una y para los impíos.
(Efesios 4: 8-10) “Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.”
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Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas:
(Mateo, Lucas y Juan)
En la antigüedad y cuando un rey viajaba de un lugar a otro, siempre le precedían un número de siervos, cuya misión consistía en preparar y adecentar el camino, por donde había de transitar. Esto es, justamente, lo que hizo Juan, prestar un servicio al Rey, que iba a venir tras él; pero no respecto de la calzada, sino de las almas a las que clamaba a viva voz, que se bautizaran en arrepentimiento para perdón de pecados.
Nuestro referente y modelo para evangelizar, es nuestro Señor Jesús Cristo, pero hay que reconocer, que entre los mortales que le precedieron, Juan el Bautista, es un magnífico ejemplo de siervo. Tuvo una dedicación, que comenzó siendo niño y que fue creciendo en una vida de humildad y sencillez. Nada lo distrajo de prestar el servicio a que Dios lo había llamado y con valentía, dijo, lo que tenía que decir, aunque ello le costara la vida.
Nuestro servicio, si no es el mismo, es muy parecido al que efectuó Juan el Bautista. Tenemos que ser la voz que clama en este desierto espiritual, sembrando la palabra de Dios, para que este mundo entienda y encuentre, que el camino está en Jesús Cristo nuestro Señor, que él es el camino, la verdad y la vida; y que confiando y dependiendo de él, caminarán por sendas derechas y de justicia.
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Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre:
(Mateo y Marcos)
Algunos ven similitudes entre Juan el Bautista y Elías, pero analizando las Escrituras, observamos, que las similitudes con el profeta Elías, tan solo las encontraremos, en la vestimenta, valentía ante los religiosos (profetas de los baales), el rey (Acab) y en un incansable celo, en el cumplimiento de la misión a que se le había encomendado. Pero, la ejecución y el final en el cumplimiento de la misión, son distintos:
1. Elías, tuvo un enfrentamiento duro y valiente con el rey Acab y su mujer Jezabel, por haber vuelto e inclinado al pueblo de Israel, a la idolatría de los Baales.
Los episodios más significativos, son los tres años de sequía, la demostración del poder de Dios, en presencia del pueblo de Israel, al descender fuego y tan solo prender el altar que construyó Elías. Y finalmente, la sentencia a Acab y Jezabel tras el asesinato de Nabot.
Fue elevado al cielo por un torbellino.
2. Juan, era nazareo, su vida hasta el encarcelamiento, prácticamente, transcurrió en lugares desérticos, practicando la humildad y una extraordinaria sencillez, que provocó admiración en el pueblo, que se acercó a él, para verlo al considerarlo un profeta.
Fue un mensajero de Dios, que con un celo incansable en cumplir la misión, predicó el bautismo y el arrepentimiento para perdón de pecados y al objeto, de preparar al Mesías, un pueblo bien dispuesto.
Finalmente, fue valiente al denunciar al rey Herodes, la perversión de lo que estaba haciendo y que le costó la vida, al ser decapitado.
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¡Generación de víboras!
¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?
¡Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento!
El hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.
(Mateo y Lucas)
La palabra “víboras” tan solo aparece en Isaías 59 (muy ilustrativo en cuanto a maldad y opresión), en boca de Juan el Bautista y en boca de nuestro Señor Jesús Cristo. Ambos (Juan y el Señor Jesús), cuando dicen “generación de víboras”, lo dicen, en presencia de los líderes religiosos de la época, y lo hacen directamente, por derecho y por delante.
Cuando Juan, les pregunta, que quién les enseñó a huir de la ira venidera, realmente él sabía, que era una pregunta con cierta carga de ironía. Los fariseos y saduceos, tenían perfectamente conocimiento de la Ley, pero la retorcían conforme a sus intereses y como es natural, no podían evitar la denuncia de sus propias conciencias. Sus conciencias les acusaban, de lo que posteriormente el Señor Jesús, les dijo: que no eran buenos, que en vano honraban a Dios, que enseñaban doctrinas de hombre, que eran guías de ciegos, que no hacían lo que predicaban, que ponían cargas pesadas en los demás, que les gustaba ser alabados por la gente, etc.
Juan, les exhorta a que hagan frutos dignos de arrepentimiento, porque si no lo hicieren, el hacha estaba preparada y el aventador dispuesto, para que el árbol que no de buenos frutos y la paja, fueran echados al fuego que nunca se apaga : “Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7: 20-24)
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Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego:
(Mateo, Marcos, Lucas y Juan)
Si se dan cuenta, aquí, dice “os bautizo en agua para arrepentimiento” y en la frase anterior, “ el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados”. Uniendo las dos frases, resultaría la siguiente: “ os bautizo en agua para arrepentimiento para perdón de pecados”. La preposición “para”, crea una cantidad de controversias enormes: "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesús Cristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo." (Hechos 2:38)
El enemigo, que no desaprovecha la oportunidad de destruir o desautorizar las Escrituras, utiliza esta preposición, sembrando la idea, de que la Biblia está llena de contradicciones. Tal es así, que tengo que decir y con toda claridad, que preferiría, que no actualizaran tanto la Biblia, porque en cada nueva versión, se incorporan palabras, que dan pie a diferentes interpretaciones.
¡Probablemente, la mayoría de los traductores, ni siquiera sean, discípulos de Jesús Cristo!
(En Griego ---> εις→ eis preposición primario; a o adentro (indicando el punto alcanzado o al que se ha entrado), de lugar, tiempo, o (figurativamente) propósito (resultado, etc.); también en frases adverbio:- perecer, siempre, entrar, alcanzar...
La palabra griega “eis”, aparece en el Nuevo Testamento, más de mil veces, y en muchísimos versículos, no se traduce siempre por la preposición “para”. Porque en el griego al igual que en el castellano, las palabras pueden tener varios significados.
Analizar un versículo aisladamente y fuera del contexto, puede llevar a un neófito y a los enemigos de la palabra de Dios, a entender, que es necesario e imprescindible el bautismo en agua, para poder obtener o alcanzar el perdón de pecados, el Espíritu Santo y la Salvación.
¡Sería bueno, que los traductores, y teniendo en cuenta que las palabras pueden tener varios significados, buscaran, las concordantes, con el contexto que se está tratando!
(Efesios 2:8) "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;"
El propio Juan el Bautista, hace una distinción clara al decir: “yo os bautizo en agua para...él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.”
¡No es lo mismo el perdón de pecados, que el perdón de todos los pecados!
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Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.
Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia:
(Mateo y Juan)
Si analizáramos los versículos de Mateo, Marcos y Lucas, sin tener en cuenta los versículos del evangelio de Juan, podríamos entender, que solamente el Señor Jesús, fue testigo de como se abrieron los cielos, que solo él vio al Espíritu Santo descender como paloma y que probablemente, la voz, si que la oyeran los presentes.
(Juan 1: 32-34) “También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”
Fíjense, lo importante que es el analizar los temas en su contexto singular y parcial:
¡Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él!
Me encanta la humildad de Juan el Bautista, la humildad de un hombre enviado por Dios. El Señor Jesús también nos ha enviado para dar testimonio de la luz, a fin de que todos crean por ella. Así que el ejemplo de Juan el Bautista nos puede animar para que mientras estemos aquí, no nos avergonzaremos de dar testimonio de la Palabra que recibida del Padre, nuestro Señor Jesús Cristo nos ha dado, y estemos siempre dispuestos a participar de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios. (2ª Timoteo 1: 8).
Juan el Bautista dijo, que él no era la luz, pero el Señor Jesús Cristo, nos ha dejado en su palabra, que el más pequeño en el reino de los cielos mayor es que Juan el Bautista: “Vosotros sois la luz del mundo;... Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que están los cielos.” (Mateo 5:14 y 16)
Todos nosotros, los hijos de Dios y discípulos de Cristo, hemos renacido por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre (1ª Pedro 1:23) y hechos conforme a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29); y por consiguiente, nosotros seremos luz en el mundo, en tanto y en cuanto, mostremos el carácter de Jesús en este mundo, revelando la Palabra recibida y acompañada de las buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.
Y para finalizar, decirles, que también nosotros, tenemos que ser la voz que clama en este desierto espiritual, sembrando la palabra de Dios, para que este mundo entienda y encuentre, que el camino está en Jesús Cristo nuestro Señor, que él es el camino, la verdad y la vida; y que confiando y dependiendo de él, caminarán por sendas derechas y de justicia. Y por otro lado, contribuir, para que el pueblo de Dios, que está disperso en esta Cristiandad Greco-Romana, salga de ella, de esta Babilonia la grande, la madre de las rameras, desprendiéndose de todos sus dogmas, filosofías y tradiciones.
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